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19.1.12

Plata para bestias

Silver, by DJBass



Se me han quedado pegadas 
tus formas y tus maneras
El vértigo de la estampa
también, adosada, a mi retina
con la economía de tus palabras
y el escalofrío que tu observar genera.

Enebro plata para bestias
forjo hilos de miseria
El orgullo sazona la receta
Fausto concede treguas
para las manos ennegrecidas
"Sé conciso de forma obscura"

En un sueño terrible por bello
te llevaste mi monóculo
Ya no podré ver aquel gato
que malogrado te miraba,
que sin esfuerzo te recordó
la vida amada y ajena

y a mí misma... y a mí. 



30.11.11

Joker





El saxo nunca sonó contigo. Y me enfadaba por ello hasta niveles insospechados. Ahora es igual y me sigo sorprendiendo. Y no es coherente. No. Apuesto a carreras de caballos y te veo correr, joker de impulsos. Eres etéreo como ellos, pero eso no te ayuda a ganar puntos. Deslizo el ala de mi pamela, lentamente, hasta cubrir mis ojos para evitar tu caída. Sonrío pero es de pura envidia. Es tan fácil ser tú. Me pregunto si alguna vez sentí lástima. Tu peripecia me conmueve a veces, no obstante. Sin caerte sobrevuelas mi propia mente, para luego volverte a tropezar. Nunca se te dio bien espolear… dan ganas de coger las riendas y arrastrarte. Sonrío de nuevo. Porque eso… es algo que ya he hecho.

No me queda más que apostar.
Hasta que nada quede.



Picture: Katia With Hat V2, by  James E. Thornton

25.7.11

La Distraída




No estás ya aquí. Lo que veo
de ti, cuerpo, es sombra, engaño.
El alma tuya se fue
donde tú te irás mañana.
Aún esta tarde me ofrece
falsos rehenes, sonrisas
vagas, ademanes lentos,
un amor ya distraído.

Pero tu intención de ir
te llevó donde querías,
lejos de aquí, donde estás
diciéndome:
"aquí estoy contigo, mira".
Y me señalas la ausencia.


Seguro Azar, 1929
Pedro Salinas



Picture: 305, by Emily Golitzin

22.4.11

The Sun Smells Too Loud






"Y yo bebí del aliento de aquellas palabras; las bebí, las respiré, no las oí.

No hablamos más. Íbamos juntos, solos, entre el silencio del crepúsculo. Íbamos solos entre el silencio del mundo. Solos entre el silencio del tiempo. Solos para siempre. Juntos y solos, andando juntos y solos entre el silencio del mundo y del mar y del mundo, andando andando. Y todo era como un gran arco y nosotros lo íbamos pasando y al otro lado estaba nuestro mundo y nuestro tiempo y nuestro sol y nuestra luz y nuestra noche y estrellas y montes y pájaros y siempre... "



Helena o el mar del verano
Julián Ayesta, 1952





Picture: Deconstruct & Defase, Further Inkjects 10, by Jaymes Sinclair

28.2.11

Tokyo Blues




"-Muy parecido. Tan distinto como desayunar tarde o almorzar temprano. Comes lo mismo, a la misma hora, sólo difiere la manera de llamarlo.
-Nagasawa, ¿a ti no te importa saber si te comprendo?- Preguntó Hatsumi.
-Me parece que no acabas de entenderlo. Si una persona comprende a otra es porque aquél es el momento propicio para que suceda, no porque ésta desee que la comprendan.
-O sea que cometo una equivocación cuando quiero que alguien me entienda. Quiero que tú me comprendas, por ejemplo.
-No, no es una equivocación - respondió Nagasawa-. La gente lo llama amor".


Tokyo Blues: Norwegian Wood, 
 Haruki Murakami




Picture by: Lost the source, please my excuses.

10.12.10

Sin título Nº1 (O el temblor de las piernas)






Hoy te escribo por primera vez. Te preguntas aún quién soy, qué pienso y qué hago. Aunque la mayoría de todo lo sabes ya, lo quiera yo o no. Creo que te preguntas también por qué parezco ausente, por qué no miro cuando debo y por qué no acierto a encontrarte aunque quiera. Y yo me digo lo mismo de ti. Sobre todo, te preguntas por qué mis pensamientos divagan siempre en el pasado, hablando en sueños de recuerdos casi olvidados, de latidos incoherentes hoy y fuertes ayer. Me rasco los sesos si tengo que pensar en tu silueta vacía apabullando y saliéndome al encuentro. Sí, frunzo el ceño y entorno los ojos, despacio, y te saco una foto, para luego, simplemente, recrearme. Tú, por lo visto, haces lo mismo. En ese lapso de tiempo entre lucidez y cordura, ese negro tiempo loco, pienso de nuevo en ti, y otra vez. Y me decía antes: “la próxima vez”. Mientras, casi cerraba los ojos con una sonrisa debajo. Y como siempre, a la luz del día, con los pies sobre el césped húmedo, me repetía “sólo dos pasos más cerca”. Pero desaparecías antes de mandar un estímulo eléctrico desde mi cerebro a mi pantorrilla temblorosa. Oh, qué patética. Y me volvía a rascar los sesos. Cada día amanecía con una nube negra encima, a pesar del sol ocasional. Hasta que te veía correr, cargado, silencioso, tranquilo, andando o relajado. Hasta que te veía. Y culpaba a las hormonas primitivescas de mi desgracia y estupidez humanas. Sería demasiado manido, y cierto como que existo, decir que nunca me ha pasado nada parecido.  Lo que sería vanidoso, en cierto sentido, es suponer que tú sientes lo mismo.

Aunque ahora sé que me estás leyendo.






Picture: Holocaust Memorial, by Gordon Chambers

17.11.10

El Escapista




Me la puedo imaginar diciendo qué chica más tonta, delante de ti, mientras dice que no con la cabeza. Y tú, te imagino abrumado, con los ojos abiertos en exclamación, siguiendo sus finas hebras doradas mientras se mueven más allá de su cuello. Imagino tu resignación ante la caída de la venda hormonal. Ante la evidencia y ante cómo alguien tan frío puede despertar en ti una llamarada. Te imagino perturbado, entre las sábanas, desnudo frente a una ventana sin visillos, ante un aire gélido contenido que no puede combatir contra tu fuego. Imagino lágrimas. Seamos sinceros. Imagino cómo lloras cuando nadie contempla tu mirada insondable. Imagino tu pesadumbre, tu desazón, tu gris opaco. Imagino también tu querida perdición, tu musa y tu música. Veo tus dedos afilados intentando moverse en rictus. Las noches solitarias en tu habitación roja. Y el mismo color de tus copas de vino. Llenabas dos y bebías una, esperando un milagro. Luego dejaste de esperar. El oro brilla mucho, decías. Claro que brilla, y la plata mata a los seres de la noche. Sentías también la rabia, que se instalaba como una fina pátina en tu persona. El temor de perder algo que ya dabas por perdido. También escribías mensajes, menos a menudo de lo que pensabas en sus remitentes. Las cartas llegaban con un sabor agridulce… luego, sólo amargo.
Todo era un espejo de ti, en eso fuiste honesto.

Tan sólo fue error mío no interpretarte.






Image: Lilac Wine, by Julie

24.10.10

The Beauty and our Beasts - Parte VII - Iceberg


No importa dónde ocurra, cuando ocurre. Alienados y fríos en lo estático del tiempo. No, no hay tiempo. No hay nada. Detrás, un espinazo de agua cristalina y congelada. Salen las lágrimas de puro pánico. Cuando salen. ¿Pueden? Una bestia. No... no hay nada. Digamos entonces que hay miedo. Ese frío miedo a la nada. La sangre, si la hay, camina despacio, casi a punto de pararse y congelar hasta la electricidad. Pero no es la muerte. ¿Debería? No es nada. Sólo una cataplasma en el pecho, fría como todo lo que nos rodea. Camina hacia arriba, hacia el cuello, mientras nos acordamos de los suspiros cuando nuestras madres nos arropaban antes de caer en brazos de Morfeo. No hay mantas en el limbo. ¿Es el limbo? No... no es nada. Nos miramos despacio, rígidos, sobre el frío hielo. Un muro brillante. Tampoco vemos nuestros rostros. Pero hay sombras. Pasos que pasan, porque los pasos siempre pasan, y se van. Nadie para ahí fuera. Y dentro hace frío. Ese frío que no se va. Transparencia desleal. Opacidad múltiple. Ceguera. Engaño.

Nadie para para rescatar a la soledad. Y sin embargo todos nacimos solos. Y nuestro corazón parará su ejercicio diario, su cometido, para descansar solo.

Y hablo en plural, aunque ahora escriba sola en una habitación fría.







Picture: Iceberg, by Kirill Sharikov

23.9.10

Silencio.



"Perdóname, pero creo que debo. Te diré que te quedes en silencio y me prestes atención, pero en silencio estás. Así te conocí. En silencio. Pensaba que las estatuas no hablaban. Tú hablas con las manos y el cuello. Regalas miradas inquietantes a viandantes ajenos. Conocí la sensación de serte ajena, inversamente proporcional a su significado. Quieres conocer y estás en silencio. El humo salía de tu boca despavorido. No quería mancillar unos pulmones en silencio. Tus pasos parecen de aire, vacíos de peso. Pasos en silencio. Como los gatos. Es prosa o poesía, ese silencio. La incógnita pretendía ser un enigma. Enigma sin planteamiento. Una pura paranoia. Perdóname, pero creo que debo. Describía desconsiderando esa estatua perfecta, sin hablar, en silencio. Perdóname por hablar de ti. El escándalo que quería conocer el silencio. Y sólo encontró silencio. Y se enfadó por oír su propio eco. Eco en silencio. Perdóname por hablar. Perdóname, pero creo que debo. Dudas. Problemas. Necedades. Y tu silencio. El hogar en silencio. Es esto un paraje o el espejo de tu aliento. Sólo silencio. Palabras, espera, palabras, tu silencio. Cabreos. Ilusión. Silencio. Mierda. Silencio. Suspiro. Silencio.

Perdóname, pero creo que debo. No aprendo. Me curas la impaciencia".



It's fascination. It's fear. 



Picture: Good Morning Lofoten, by Introvertement


31.8.10

Go, Do.



Me maravilla tu incompostura.
Me negaba a ver esa fina maldad que llevas en cada centímetro cuadrado de piel pálida.
Y... ¿sabes? He decidido estar en paz... dicen por ahí que me lo merezco.
Y también me he prometido no volver a flaquear.
No ante ti.
No por ti.



"You wish surprise would never stop wonders
You wish sunrise would never fall under
We should always know that we can do anything

Go do!"


19.7.10

La Piccola Morte



É come se fosse involontario. Cerco e non cerco, e mi sbaglio, e soffro, e non sono nemmeno l'unico essere in terra capace di piangere.

Vivere é involontario. E gli alberi non sono più nella stanza. Il cielo si chiude sviluppando il silenzio. Sviluppando l'oscurità. Sviluppando la morte. La nostra piccola morte prima di partire.

E, involontariamente, la luce...

(Meglio dire al cuore "batte, bastardo!").




Foto: Signora Morte, di Silvia

25.6.10

Orfeo extraviado.




Soy tu negación. Tu Eurídice sin salvar. La promesa de no querer hacer daño, enseñando dientes de lobo maldito, de alma perdida. No me dabas miedo. No hasta que dejaste de existir. Apena verte sonreír y saber tus pecados, la estela tras de ti, tu historia y la vacación de tu conciencia atormentada. Piensa ¡Piensa! Mientes.

Nunca mirabas atrás aun cuando yo grité. Y grité hasta no reconocer mis alaridos. Grité y me arrodillé, y respiré como entre tus sábanas. Como entre tus túnicas mojadas de lluvia caliente. Y cada noche, sola, recordaba el pulso y tus latigazos nerviosos, a punto de caer rendido de nuevo. Y fui yo esa o fui tu rincón. ¿Tu hogar ocioso? Tu camarada, tu pared. Tu Eurídice o tu salvación. Pero sin mirar atrás la convertiste en ceniza.

No importa. Y con una sonrisa te dejaba ir, enmascarada. Mi mente no sobrevolaba tus párrafos, tus historias y aventuras. Ya no había cuentos. No había compromisos. Y la esperanza… cruel señora compadecida. Y durante cuarenta días, y alguno más suelto, preguntaba a la nada si algo habían hecho mis manos. El error. Algo grave debió de ser para no querer seguir en la misma página. ¿Me la lees?

Tu voz rasgada, no mentía, aun la recordaba. Decías cosas inauditas. Herejías racionales. Y mis ojos brillaron como la hoguera que avivabas con cada mirada. Pero pudo el humo. Pudo tu fervor y tu ansia insaciable de sensaciones y riesgo y lujuria y amor y pecado. Quise salvarte y por ello miro atrás, de nuevo. No pude decirte lo más importante, ni rescatarte. Perdón:

Humanos somos, polvo seremos. Tú también.




Picture: Looking Back Into The Past by Piotr Szupowski

14.2.10

Cuando el recato se enamoró del vicio


Dejaré que las palabras hablen por el orgullo que significó dejar de dirigirte la palabra. Y por hacerlo a alguien de quien no conozco ni el tipo de gas que respira. No puedo expresar con un par de sintaxis el caos en el que cada neurona que tengo se ahoga cada día, cada hora. Cada instante insignificante en el que tú ya no respondes a los impulsos de tu motor corporal. Una vez… demostraste tener valor. Sé cuanto tiempo has estado repitiendo para tus adentros las mismas frases que me decías. Hazme saber ahora si las usaste alguna vez para otra. Ella no tiene la culpa. Me lo intento aprender, como una tabla de multiplicar para una niña de 6 años. Ella no tiene la culpa de tu cruz. Sin embargo, no te puedo imaginar siguiendo su cabellera dorada por cada calle desconocida. Estoy segura de que piensas igual que yo. Tiene que quedarte algún tipo de voz interior, por pequeña que pueda ser. No creo en la perdición total. No creo en tu meta. No creo que te haga feliz. Da igual que lo intente gritar con mil estallidos. No harás caso. Si un niño se pierde con alguien al que quiere en el bosque de abedules, no tiene por qué llorar. No tiene por qué recordar la luz del sol. No tiene por qué gritar desconsolado.


Quizá tuve que haberte reprochado cada desliz. Pero no los vi como tal. No diré que fue fácil esperarte, y no te confundas; no me arrepiento de ello. Y también supe… desde aquella fría noche de verano, que no sería algo que respetaras. Es algo irrelevante. Las nubes, el brillante césped bajo tu toalla, melodías nuevas que te sobrecogían, bailes para dos, un sofá y una pareja de copas de vino… y el decirme que nunca te cansarías de correr a mi lado. Mi falta de sonrisa se convertía en la nueva meta del día: “hagamos que esas perlas brillen”. Lo lograste con tres sílabas en mi oreja derecha, en un bus abarrotado de salitre y arena.


Empecé a amar las tormentas. Empecé a enorgullecerme cuando alguien decía que era su heroína por no poder coger tu mano. Empecé a planear nuevos días contigo y sin ti. Ya formabas parte de la rutina existencial. Y sin embargo… sólo te reprocho una cosa. No haberte despedido.




(Se me quedan palabras pegadas al bolígrafo, aunque no creo que eso te importe un día como hoy).






Pic here

3.1.10

Frío


Eres el culpable de que la piel se apague

buscas vibraciones en la niebla

secuestras horas al tiempo

(El mismo que todo lo cura)

con sangre fría y sin desmayo.


Ves hologramas tras el espejo

piensas que no se encuentra

un reflejo ni tan perfecto ni tan vital

como el narciso sobre el agua.


Crees saber de qué sonido están hechas

cada flecha que irrumpe en tu pecho

cortan el aire ligero, frágil

entre tu inconciencia y mi ley.


Mejor así,

Eres el culpable del frío.



***

Picture: "90" by ReEjKa

28.12.09

Merry Xmas, Mr. Lawrence



Una cestita de bombones con envoltorios brillantes a mi lado, batalla de colores. Mientras, una copa de vino tinto- de ese de los buenos, ¿eh?, manchego, no rioja- está ni medio llena ni medio vacía, simplemente existe un dedo del líquido en su interior (bonita forma de medir la bebida, ¿verdad?). Este año no hay arbolito, ni velas, ni espumillón, ¡qué triste! Pues no... es que el tiempo se echa encima. No merece la pena decorar nada escasas horas antes de nada. Mierda. Sólo hay un nacimiento minúsculo, que creo que vino con lupa para poder observarlo a detalle sin perder el cristalino. No hay gato jugando con bolitas de cristal. No hay dueña gritando que no lo haga. ¿Regalos? otro "no", gracias... Que hay crisis. Maldita palabra.

Lluvia y aceras grises. De noche todo parece más alegre, incluso. Las pequeñas lucecitas todo lo inundan, dibujando formas ("¿Es eso una campana? Ah... no, es un reno. Pues vaya"). Y todas contrastan con el color del cielo. Negro incólume cuando no hay nubes que reflejen la contaminación lumínica. De vez en cuando aparece una personita minúscula brincando por la calle, con una sonrisita, los carrillos incendiados, la naricilla brillante y las manitas enfundadas en guantes. "Ojalá... niños de nuevo". Y arrancan una sonrisa melancólica.

Vas al banco "veamos si han ingresado, que ya es hora". Lo primero que te encuentras es un paquetito encima del cajero automático. Rojo. Con letras que rezan Afede y una formita blanda que lo delata. "Oh... vaya, mala suerte, nene. O nena", ojalá ser niños de nuevo. Oh dinero... qué bien sabe cuando es propio y ganado. Que se quede ahí.

El sol cobarde se esconde antes de tiempo. Antes, a veces, de empezar el día. Pena. Ojalá ser niños. Ojalá no saber verdades sangrantes. Ojalá encontrar paquetes bajo árboles, jugar con la nieve falsa y pretender que sea agua caída del cielo. Ojalá...

Nos hacemos mayores, Lawrence... lástima.

9.11.09

Monóxido de carbono



-No te cansas, ¿eh?
-Eso nunca - Su boca humeaba, como siempre.
-Deberías, aunque sólo fuera por respeto.
-Respeto... ¿a ti?
(Mirada asesina femenina)
-Vale... es el último - Tiró el cigarrillo con una mano, para luego esconderla en su abrigo.
-No te lo crees ni tu.
-Si fumaras me enamoraría de ti perdidamente.
-(Risa) ¿No lo estás ya?
-Yo no he dicho nada.
-Me gusta verte fumar.
-¿Y me lo dices ahora?- Hizo ademán de sacar el paquete de nuevo.
- Me gusta, parece que mientras lo haces piensas en algo profundo.
-No te equivoques, sólo pienso en ti.
-Sólo... hmm. ¿Es un cumplido o una broma de las tuyas? Bah... no he preguntado.
-¿Así que te gusta?
-Ni se te ocurra sacar otro, contigo no se puede ser sincera.
-(Risa) Ya sé. No te gusta el olor.
-Exacto. A ti tampoco. Reconócelo.
-¿Y qué te gusta?

Ambos se pararon en mitad del paseo. Él delante. Ella detrás. La bruma cubría las distancias y la inercia.

-Las castañas asadas, las mañanas de domingo, las especias, el chocolate negro, el café con mucho azúcar, los arándanos, el mar, el viento en la cara, un baño caliente, acariciar al gato, ese ambiente de las cafeterías, la música cuando aun estoy en la cama, el violín, el sol, las tormentas, los guantes, las rosas, viajar, el color...

-¿Algo más?

-... esa sonrisa.





***

13.10.09

Pensamientos de segunda mano. Pasos.




"¿Sabes? Hoy he pensado en ti. No sé explicarte por qué, pero mientras caminaba me preguntaba si tú hacías lo mismo. Menuda tontería. Oh... ha sido tanto el tiempo sin saber cómo te iba. Y qué decirte que no sepas ya. Sí, pensé en ti, mientras debería haber metido mi cabezota en otros asuntos urgentes. Nada, un momento de debilidad, ¿no lo tiene cualquiera? Mal de muchos. Muchos tontos ciegos como yo, que se ilusionan ante una hora de conversación profunda con alguien sonriente. Y yo que pensaba dedicarme a ser encantadora de serpientes... No, el veneno me puede, ¿qué quieres que te diga? Y seguro que ante esta pregunta retórica me responderías que nada, que no quieres nada de alguien que siempre llega tarde, de alguien que despista sus problemas y los diluye con pasiones. Alguien que sueña, metafóricamente hablando, con otro alguien que lo acepte como es, de una bendita vez. Bendita, digo, por no maldecir constantemente mi vida, que se basta ella sola para eso.

Me acordaba de ese día, ¿sabes... ? Aquél en el que me sonreías, no parabas de hacer bromas demasiado ocurrentes, exagerabas tus gestos hasta conseguir una carcajada, tomabas el pelo, aligerabas cosas de importancia, y todo para dar luego un buen consejo. Todos los tuyos me parecieron buenos entonces. Luego, te dabas la vuelta, venías hacia mí y decías "Que Dios te bendiga". Sin más. Lo cierto es que ya lo tenías todo ganado aquella tarde antes de volver a casa.

¿Qué queda ahora? Debí haberte visto venir. No es justo. Nada es suficientemente justo contigo. Justicia. La utopía sólo comparable a la Verdad absoluta. Tu verdad. Déjame decirte ahora, que ya todo lo que exprese poco puede importar, que sólo has podido ver tu verdad como algo cierto. Y te digo que eso no es justo. Precisamente te necesitaba más que a nadie, porque pensaba que sabías lo necesario para seguir a mi lado. ¿Me escuchaste alguna vez?

Y sí... sé que debí haber cogido ciertos buenos hábitos contigo. Pero sinceramente, pensaba que tú y yo no los necesitábamos, que bastaban las miradas cómplices para decirnos a qué velocidad latía nuestro pulso, en sintonía. No te reprocho nada, no te guardo el más mínimo rencor, y no pretendas que vuelva a ti. Para eso mis ojos se cansaron de seguir tus pasos.

Sólo quería decirte con todo esto... que hoy he vuelto a pensar en ti mientras caminaba sola.
Tan sola como siempre."