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19.1.12

Plata para bestias

Silver, by DJBass



Se me han quedado pegadas 
tus formas y tus maneras
El vértigo de la estampa
también, adosada, a mi retina
con la economía de tus palabras
y el escalofrío que tu observar genera.

Enebro plata para bestias
forjo hilos de miseria
El orgullo sazona la receta
Fausto concede treguas
para las manos ennegrecidas
"Sé conciso de forma obscura"

En un sueño terrible por bello
te llevaste mi monóculo
Ya no podré ver aquel gato
que malogrado te miraba,
que sin esfuerzo te recordó
la vida amada y ajena

y a mí misma... y a mí. 



17.11.10

El Escapista




Me la puedo imaginar diciendo qué chica más tonta, delante de ti, mientras dice que no con la cabeza. Y tú, te imagino abrumado, con los ojos abiertos en exclamación, siguiendo sus finas hebras doradas mientras se mueven más allá de su cuello. Imagino tu resignación ante la caída de la venda hormonal. Ante la evidencia y ante cómo alguien tan frío puede despertar en ti una llamarada. Te imagino perturbado, entre las sábanas, desnudo frente a una ventana sin visillos, ante un aire gélido contenido que no puede combatir contra tu fuego. Imagino lágrimas. Seamos sinceros. Imagino cómo lloras cuando nadie contempla tu mirada insondable. Imagino tu pesadumbre, tu desazón, tu gris opaco. Imagino también tu querida perdición, tu musa y tu música. Veo tus dedos afilados intentando moverse en rictus. Las noches solitarias en tu habitación roja. Y el mismo color de tus copas de vino. Llenabas dos y bebías una, esperando un milagro. Luego dejaste de esperar. El oro brilla mucho, decías. Claro que brilla, y la plata mata a los seres de la noche. Sentías también la rabia, que se instalaba como una fina pátina en tu persona. El temor de perder algo que ya dabas por perdido. También escribías mensajes, menos a menudo de lo que pensabas en sus remitentes. Las cartas llegaban con un sabor agridulce… luego, sólo amargo.
Todo era un espejo de ti, en eso fuiste honesto.

Tan sólo fue error mío no interpretarte.






Image: Lilac Wine, by Julie

25.6.10

Orfeo extraviado.




Soy tu negación. Tu Eurídice sin salvar. La promesa de no querer hacer daño, enseñando dientes de lobo maldito, de alma perdida. No me dabas miedo. No hasta que dejaste de existir. Apena verte sonreír y saber tus pecados, la estela tras de ti, tu historia y la vacación de tu conciencia atormentada. Piensa ¡Piensa! Mientes.

Nunca mirabas atrás aun cuando yo grité. Y grité hasta no reconocer mis alaridos. Grité y me arrodillé, y respiré como entre tus sábanas. Como entre tus túnicas mojadas de lluvia caliente. Y cada noche, sola, recordaba el pulso y tus latigazos nerviosos, a punto de caer rendido de nuevo. Y fui yo esa o fui tu rincón. ¿Tu hogar ocioso? Tu camarada, tu pared. Tu Eurídice o tu salvación. Pero sin mirar atrás la convertiste en ceniza.

No importa. Y con una sonrisa te dejaba ir, enmascarada. Mi mente no sobrevolaba tus párrafos, tus historias y aventuras. Ya no había cuentos. No había compromisos. Y la esperanza… cruel señora compadecida. Y durante cuarenta días, y alguno más suelto, preguntaba a la nada si algo habían hecho mis manos. El error. Algo grave debió de ser para no querer seguir en la misma página. ¿Me la lees?

Tu voz rasgada, no mentía, aun la recordaba. Decías cosas inauditas. Herejías racionales. Y mis ojos brillaron como la hoguera que avivabas con cada mirada. Pero pudo el humo. Pudo tu fervor y tu ansia insaciable de sensaciones y riesgo y lujuria y amor y pecado. Quise salvarte y por ello miro atrás, de nuevo. No pude decirte lo más importante, ni rescatarte. Perdón:

Humanos somos, polvo seremos. Tú también.




Picture: Looking Back Into The Past by Piotr Szupowski