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6.4.12

XXXIII


Kozakiewicz Maciej Ossian, Golgota ouvre grand



El Rey de reyes despierta 
Para dar paso al mausoleo de la espina
Aguardad, las aves ya no caminan en el reino
 Esperan al sauce rojo llorar en el río de hierro.

Uno, dos, tres golpes
 Rodillas de nácar entre rocas 
Polvo y ceniza en la tierra 
Vuelan hasta la grieta del músculo 
Crepita el firmamento a su salud.

Uno, dos, tres pasos
 Corred, nogales, por el peso de las horas 
Decid a los ibis que abran sus alas 
Es tiempo de viaje y misericordia 
Por los cuervos que se atan al Gólgota.

Un, dos, tres 
Llora el cielo al animal del hombre 
Llora el altar por la hora del cierre.



S.L.C 2011




18.11.09

Singular


"(...)Nos debe suscitar amor, hemos de creer que la visión que se tiene sólo se puede expresar a través de una historia donde los personajes pueden ser 'más reales' que la propia gente, que ese mundo ficticio es más profundo que el verdadero. También hay que amar lo dramático, sentir una fascinación por las sorpresas y revelaciones repentinas que producen cambios abismales en la vida. Hay que amar la verdad; se debe cuestionar cada verdad de la vida hasta alcanzar los propios motivos ocultos. Se debe amar a la humanidad, estar dispuesto a simpatizar con las almas que sufren, a meterse en la piel de los demás y ver el mundo a través de sus ojos. Es preciso amar las sensaciones, es decir, tener el deseo de mimar no sólo los sentidos físicos sino también los internos. Hay que amar los sueños, el placer de dejarse llevar tranquilamente por la imaginación con el único objetivo de ver hasta dónde nos lleva, y dejarse fascinar por el humor y alegrarse por esa gracia salvadora que nos devuelve el equilibrio en la vida. Es necesario, además, sentir el lenguaje, deleitarse en el sonido y el significado, en la sintaxis y en la semántica. Hay que percibir la dualidad, las contradicciones ocultas de la vida, sospechar de forma sana que las cosas no son lo que parecen. Se debe aspirar a la perfección, sentir la pasión de escribir y revisar en busca del momento perfecto. Buscar lo singular, sentir la emoción de la audacia y presentar un rostro de pétrea calma ante el ridículo. Perseguir la belleza, tener un sentido innato que atesore lo bien escrito, odie la mala redacción y conozca la diferencia. Se debe amar el 'yo', una fortaleza que no necesita un refuerzo constante, que nunca duda de su condición de escritor. Se debe sentir intensamente la escritura y soportar la soledad".

(El escritor y el arte de narrar historias, Robert McKee)

Vale... todo esto está genial, pero ¿quién nos salva ante un papel en blanco?
Y como dijo Novecento: "A la mierda las normas".


***

Imagen: Michael Omar