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4.8.11

The Beauty and our Beasts - Parte XI - Icarus






"Amigos, sin duda, también lo son éstos, pero menos que aquéllos; viven el uno para el otro, tanto mientras dura el amor como cuando han salido de él, considerando que se han dado mutuamente y recibido el uno del otro las mayores fianzas, a las que no es lícito faltar  convirtiéndose una vez en amigos. Y al fin, sin alas, pero no sin haberse esforzado por adquirirlas, abandonan sus cuerpos. En consecuencia, no es pequeño el premio que obtienen de su locura amorosa; porque no es a las tinieblas ni al viaje subterráneo adonde la ley ordena que vayan los que ya han comenzado el viaje infraceleste, sino que llevando una vida resplandeciente, viajen felices en mutua compañía, y llegado el momento, lleguen ellas a tener alas en virtud de su amor. Tan grandes son, niño, y tan divinos los dones que te ofrecerá la amistad de un enamorado. En cambio, el trato de uno que no ame, trato mezclado de prudencia mortal y que se entrega a una economía mortal, produciendo en el alma amiga una ruindad que las masas alaban como un mérito, la hará rodar nueve mil años alrededor de la tierra y debajo de la tierra, ... en un estado irracional" .





Fedro,  370 a. C.
Platón


Picture: A scary cupid?, from FIASCO

10.12.10

Sin título Nº1 (O el temblor de las piernas)






Hoy te escribo por primera vez. Te preguntas aún quién soy, qué pienso y qué hago. Aunque la mayoría de todo lo sabes ya, lo quiera yo o no. Creo que te preguntas también por qué parezco ausente, por qué no miro cuando debo y por qué no acierto a encontrarte aunque quiera. Y yo me digo lo mismo de ti. Sobre todo, te preguntas por qué mis pensamientos divagan siempre en el pasado, hablando en sueños de recuerdos casi olvidados, de latidos incoherentes hoy y fuertes ayer. Me rasco los sesos si tengo que pensar en tu silueta vacía apabullando y saliéndome al encuentro. Sí, frunzo el ceño y entorno los ojos, despacio, y te saco una foto, para luego, simplemente, recrearme. Tú, por lo visto, haces lo mismo. En ese lapso de tiempo entre lucidez y cordura, ese negro tiempo loco, pienso de nuevo en ti, y otra vez. Y me decía antes: “la próxima vez”. Mientras, casi cerraba los ojos con una sonrisa debajo. Y como siempre, a la luz del día, con los pies sobre el césped húmedo, me repetía “sólo dos pasos más cerca”. Pero desaparecías antes de mandar un estímulo eléctrico desde mi cerebro a mi pantorrilla temblorosa. Oh, qué patética. Y me volvía a rascar los sesos. Cada día amanecía con una nube negra encima, a pesar del sol ocasional. Hasta que te veía correr, cargado, silencioso, tranquilo, andando o relajado. Hasta que te veía. Y culpaba a las hormonas primitivescas de mi desgracia y estupidez humanas. Sería demasiado manido, y cierto como que existo, decir que nunca me ha pasado nada parecido.  Lo que sería vanidoso, en cierto sentido, es suponer que tú sientes lo mismo.

Aunque ahora sé que me estás leyendo.






Picture: Holocaust Memorial, by Gordon Chambers